La historia del Club Atlético River Plate es la historia del equipo de fútbol más grande de la Argentina; con 18 millones de hinchas, 81.000 socios, una treintena de campeonatos locales de la AFA y 5 copas internacionales.
River Plate es el club líder en fútbol de alta competencia del país y el más representativo en el exterior; además de haberse hecho conocido en el mundo por el estilo de su fútbol, basado en la habilidad, el buen trato de la pelota y la búsqueda permanente del arco contrario.
Para conocer los orígenes del club, es preciso remontarse a los albores del siglo XX en la Dársena Sur del barrio de La Boca, mientras los equipos “Santa Rosa y “La Rosales” (ex “Juventud Boquense”) se disputaban la supremacía futbolística de la zona. Ambos equipos, en su afán de ganar mayor peso deportivo dentro de su ámbito, decidieron fusionarse. El 25 de mayo de 1901, un grupo de hombres decidió abrir un capítulo que marcaría un antes y un después de la historia futbolística argentina.
Livio Ratto había propuesto el nombre de Club Atlético Forward, el cual fue rechazado al igual que “Juventud Boquense, el sugerido por Bernardo Messina y “La Rosales”, recomendado por Carlos Antelo.
Pedro Martínez, por su parte, había visto en la construcción del Dique 3 la inscripción “The River Plate” en unos grandes contenedores. Este último, fue rápidamente aceptado por la mayoría como el nombre definitivo para el club.
Poco después de la fundación, en una noche de Carnaval, un grupo de integrantes de River Plate participaron de una comparsa, con un carro de la carnicería Wilson denominado “Los habitantes del infierno”. Cuando la fiesta estaba llegando a su fin, un grupo de niños traviesos robó una cinta de seda roja a un carro que se había detenido cerca a descansar. ¿El motivo? Adosar un detalle a la camiseta blanca que representaba a River.
River comienza a participar en los campeonatos de la Asociación en el año 1905. El 13 de diciembre de 1908 asciende a primera división en un partido triunfal contra Racing, y culminó con un 2-1 victorioso para el club de la banda roja.
El equipo del ascenso formaba con los siguientes jugadores: Luraschi, Chiappe y Politano, Messina, Morroni y Chagneaud, Anapodisto García, Grifero, Abaca Gómez, Elías Fernández y Priano.
Durante estos años, la “canchita” se montó en un terreno vacío de la Dársena Sur. Todos colaboraron con el aporte de dinero destinado a acicalarla.
Los gerentes de la carbonería Wilson donaron unos postes que reemplazaban a los anteriores montículos de ropa o piedras. Leopoldo Bard –primer presidente y capitán del primer equipo- donó alambrados junto con algunos socios.
La primera “canchita” se encontraba ubicada en la manzana que recorren las calles Pinzón, Caboto, Aristóbulo del Valle y Pedro de Mendoza.
El primer equipo del club estaba conformado por: Moltedo, Ratto, Cevallos, Peralta, Carrega, Bard, Kitzler, Martínez, Flores, Zanni y Messina.

La primera cancha de River Plate continuó en La Boca hasta 1921, año en que el por ese entonces presidente del club, José Bacigaluppi, vio un terreno en la manzana de Alvear, Tagle, Austria y las piletas de agua corriente. Así, el 20 de mayo de 1923, un nuevo y flamante estadio fue inaugurado el 20 de mayo de 1923. De todos modos, la década del ’20 no fue favorable para el club y finalizó con un solo título.
Tras una actuación poco sobresaliente en el último torneo amateur de la historia, River Plate ingresa al profesionalismo gracias a la contratación de Carlos Peucelle y a la incorporación del denominado “Mortero de Rufino”: Bernabé Ferreyra, ídolo indiscutible del club.
1932 es un año de revolución en el mercado futbolístico, debido a que los de la banda roja adquieren el apodo de Millonarios tras desembolsar la inmensa cifra de cien mil quinientos pesos. Por Bernabé le pagó al club Tigre la suma de treinta y cinco mil pesos, tras haber gastado diez mil por Peucelle.
A fin de año, River Plate consiguió el primer torneo profesional de su historia, tras ganarle a Independiente por 2-0.
Luego de una seguidilla de actuaciones que no satisfacían ni a los hinchas ni a los directivos, River logró el bicampeonato en los años 1936 y 1937. El aporte de dos riverplatenses de alma, Adolfo Pedernera y José Manuel Moreno, fue clave para conquistar los dos torneos.
Otro gran acontecimiento de la década fue la inauguración del estadio Monumental, el 26 de mayo de 1938. El entonces Presidente, Antonio Liberti, eligió una zona en donde la edificación era inexistente: Centenario y el Río de la Plata.
En el año 1939 debuta el mayor goleador de la historia riverplatense: Ángel Amadeo Labruna, ídolo máximo del fútbol Millonario.
La década del ’40 fue protagonista de un hito inolvidable para la historia del club: la denominada “Máquina” del fútbol, que nace en un partido contra Independiente en el año 1941. El encuentro finalizó 4 a 0 a favor del Millonario, con tres goles de Pedernera y uno de Muñoz.
El equipo funcionaba adoptando la MW y gozaba de una gran solidez defensiva con una delantera compuesta por Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Deambrosi. Este último jugador, apodado “el Pollo”, integró la letal ofensiva durante el campeonato del ’41 y más tarde sería reemplazado por Lousteau.
Era una época de absoluta gloria para el Club, que Obtuvo nuevamente el bicampeonato del fútbol argentino en los años 1941 y 1942 gracias a un partido legendario en la Bombonera, en el que Pedernera marcó dos goles.
Pasaron dos años y River volvió a adueñarse de un torneo. En este caso, se quedó con el título del año 1945, con un Amadeo Carrizo como joven arquero debutante.
A partir de allí comenzaría la historia de otro River y otro fútbol.
Hacia el final de la década, con Alfredo Di Stéfano como figura, River Plate logra un destaque absoluto; convirtiendo 90 goles en 30 partidos consagrándose campeón del año 1947.
Hacia fines de 1951 se realizó una gira por Europa que quedó en la historia. El equipo de la década del ’50, dirigido por Minella, comenzaba el camino hacia la triple victoria.
El campeonato de 1952 se ganó con sufrimiento, y su figura fue Walter Gómez. En 1953, River Plate se consagró tras disputar el título con Racing en la anteúltima fecha del torneo.
Tras un breve intervalo de un año, el club volvió a lo más alto de los campeonatos argentinos y consiguió el primer tricampeonato de su historia.
En 1955, con una racha de 16 partidos invictos, se llevó el título con un toque extra: la celebración del campeonato fue en la casa de su eterno rival, en la Bombonera.
En 1956, el equipo Millonario alcanzó el invicto de 23 partidos ganados consecutivamente (16 venían del año anterior), con una victoria ante Lanús, dando vuelta un partido increíble y logrando así sacar una ventaja decisiva para hacerse con el torneo.
En 1957, se quedó con la punta desde el tercer partido y no volvió a compartirla por el resto del certamen. River derrota a Independiente en el penúltimo partido y así se consagra tricampeón por primera vez en su historia en lo que fue el último título de grandes como Labruna, Carrizo, “Pipo” Rossi, Sívori y Lousteau; y el primero y único de un crack que asoma: Ermindo Ángel Onega.
Tras la venta de Sívori a la Juventus de Italia, en 1958, se construye la última cabecera del Monumental (la tribuna Almirante Brown, hoy denominada “Sívori”, en su homenaje), y se pone fin a la famosa herradura.
Ésta fue una etapa que muchos hinchas quieren olvidar, ya que fueron años de constante recambio de jugadores. La máquina que fabricaba cracks en las divisiones inferiores ya no era la de otros tiempos, los resultados no se daban y se sufrió con cada campeonato ganado por Boca.
En el certamen de 1960 River terminó a dos puntos de Independiente y logró solamente el título de subcampeón. En 1961 el rendimiento no fue de lo mejor, en 1962 perdió el campeonato por pocos puntos en la anteúltima fecha y en 1963 quedó nuevamente a dos unidades del Rojo de Avellaneda. Fue una década de grandes jugadores, pero las adversidades no le permitían al Millo llegar a la tan ansiada gloria que alcanzaba con gran frecuencia en años anteriores.
Es destacable que en 1966 los Millonarios jugaron por primera vez la Copa Libertadores de América (participan campeones y subcampeones) y llegaron a la final de la misma, en la que fueron vencidos tras jugar contra Peñarol de Montevideo, en un histórico desempate disputado en el Estadio Nacional de Santiago de Chile.
En 1967, la AFA dispuso que se disputaran, además del campeonato habitual, torneos Nacionales, donde participaban los equipos más importantes de todo el país, pero eso no modificó la suerte de la década, las frustraciones se repetían, los hinchas se impacientaban y no reconocían a las estrellas del momento.
El recuerdo más negro de la época, sin embargo, no sería estrictamente futbolístico, sino que tiene que ver con lo sucedido en aquel 23 de junio de 1968 cuando, apenas concluido un clásico ante boca en el Monumental, se produjo la mayor tragedia del siglo en las canchas argentinas. A las 16.45, la puerta 12 no resistió la presión del público y cedió, causando 71 muertes e hiriendo a otras 66 personas.
Hacia el final de la década River, Racing y Vélez se jugaron todo en el triangular que pasó a la historia por la denominada “Mano de Gallo” que el árbitro Guillermo Nimo ignoró. La grosera intervención de Luis Gallo, jugador de Vélez, impidió el festejo de los de la banda.
El 22 de diciembre del mismo año, se retiró el mejor arquero de la historia del Club, el ídolo indiscutible: Amadeo Raúl Carrizo, quien a los 42 años; con un historial de 521 encuentros, 18 penales atajados y 7 títulos en su haber, colgó los guantes.
En el año 1969 River Plate cierra la década con el segundo puesto en los Campeonatos Metropolitano y Nacional.
Al principio de la década, el club seguía sin poder quedarse con un certamen. El Metropolitano de 1970 lo perdió por un gol de diferencia a favor de Independiente y, en el mismo año, asumió la dirección del equipo el brasileño “Didí” quien fue el artífice del “Jogo Bonito”, quien promovió a juveniles que luego se destacarían como Norberto Alonso, Juan José López, Carlos Morette y Vitrola Ghisso.
Habían pasado muchos técnicos y nadie había podido cortar con el maleficio pero con el retorno de Ángel Labruna al banco se abría una nueva esperanza; el equipo de “Angelito” reintegró a Oscar Más (proveniente del Real Madrid), Roberto Perfumo y Pedro González, entre otros. Labruna es sinónimo de River, los hinchas se sienten identificados con su apellido y lo toman como el ídolo más grande que el Club tuvo a lo largo de su historia. Con él en River se produjo una verdadera revolución futbolística.
Pese a su juventud, Norberto Alonso era la figura del equipo de Angelito y, junto a la velocidad de “Pinino” Más, marcaban la diferencia en un conjunto compacto.
Labruna armó un equipo ofensivo que manejaba muy bien la pelota, equilibrado en la mitad de la cancha y muy sólido en defensa que hizo a River protagonista y animador del torneo, no sólo a la hora de jugar, sino también cuando se trataba de llenar estadios entre otras cosas, por su contundencia, que se evidenciaba partido tras partido.
Sobre el final del campeonato, un sorpresivo acontecimiento sorprendió a todos: una huelga de jugadores profesionales de fútbol pese a la cual AFA dispuso que los partidos se disputaran. Así, los conjuntos eran fusiones de las terceras y cuartas divisiones y River Plate terminó ganándole a Argentinos Juniors 1-0 en la cancha de Vélez, rompiendo aquella maldita racha y consagrándose, anecdóticamente, con juveniles en el campo de juego.
Con la huelga ya levantada, tres días más tarde, los Millonarios se enfrentaron a Racing en Avellaneda con todos sus titulares, ganaron 2-0 y la fiesta fue completa.
A partir de este momento, la historia futbolística del Club dio un vuelco importante. En 1975, River daba otra vuelta olímpica, en el Torneo Nacional. Atrás quedaron los 18 años de frustraciones y sinsabores y la figura de Norberto Alonso se erigió como la de uno de los grandes jugadores que el Club tuvo a lo largo de la historia. De a poco, los Millonarios se convirtieron en el equipo más ganador del fútbol argentino y el Club comienza una nueva etapa en la que ganar campeonatos se convertiría en una costumbre.
A mediados del ’76, el Beto fue transferido al Olimpic de Marsella y River disputa nuevamente la final de la Copa Libertadores, esta vez ante el Cruzeiro, contra quien perdió 4 a 1 en Brasil y ganó 2 a 1 en Buenos Aires.
Daniel Passarella se destacaba como un defensor sólido y fuerte en la marca, con notables remates y sobresaliendo por su capacidad para cabecear, tanto en el área propia como en la rival. A lo largo de su carrera fue el defensor que más goles convirtió: 99. Perfumo, por su parte, era el patrón de la defensa y hombre de gran ascendiente dentro y fuera del campo de juego.
En 1977, los dirigidos por Labruna repitieron la gloria en el Metropolitano, jugando de local en la cancha de Huracán debido a que el Monumental estaba siendo reformado para el Mundial del año próximo.
Durante el año 1978 River aportó grandes jugadores al plantel que ganaría la Copa del Mundo disputada en el país: Ubaldo Fillol, Leopoldo Luque, Daniel Passarella, Oscar Ortiz y Norberto Alonso, alcanzaron la gloria máxima con la celeste y blanca.
En 1979, los Millonarios hicieron nuevamente un doblete, consagrándose campeón en los torneos Metropolitano y Nacional.
La supremacía de River Plate volvió a hacerse notable a comienzos de la década del ’80. En el primer torneo de este período, denominado por la AFA “Campeonato IV Centenario de la Segunda Fundación de Buenos Aires”, los dirigidos por Labruna golearon a su eterno rival, Boca Juniors, por 5 a 2 con Ramón Díaz como figura. “El pelado” fue el goleador del equipo, con 14 tantos. Es en este año cuando los de la banda logran el segundo tricampeonato de su historia.
Cuando Aragón Cabrera despide a Labruna se produce la llegada de Alfredo Di Stéfano y en el siguiente torneo, se incorporan Julio Olarticoechea, Américo Rubén Gallego y Mario Alberto Kempes, que obtienen el campeonato de 1981 tras ganarle las dos finales a Ferrocarril Oeste. Mario Kempes fue la pieza clave del equipo hasta su vuelta al Valencia español, el Beto Alonso terminó yéndose por diferencias con Di Stéfano y Ramón Díaz emigró a Europa al igual que Daniel Passarella.
En 1983, José Varacka asumió como entrenador y se produce la llega de un jugador que haría historia y se metería para siempre en el corazón del hincha: Enzo Francescoli, crack uruguayo dueño de una destreza incomparable que se llenaría de gloria y elogios con la banda roja cruzada en el pecho. Por estos años, la situación económica del club era insostenible. El “Pato” Fillol llegó a ser suspendido por utilizar una publicidad en su ropa de arquero y River estuvo a punto del descenso, pero terminó salvándose con lo justo.
A principios de 1984 asumió como presidente Hugo Santilli y, con él, llegaron nuevamente los triunfos, contratando a Héctor Veira como entrenador e incorporando a Nery Pumpido.
En 1985 se implementó un nuevo sistema de campeonatos que constaba de un solo certamen anual, como en Europa.
River peleó desde el arranque los primeros lugares en el campeonato, en el que las actuaciones de Francescoli junto a Claudio Morresi fueron claves para ganarlo. El Beto Alonso volvió a pedido del Bambino Veira pero esperaba su turno en el banco de suplentes. Finalmente, en el penúltimo partido ante Boca, el Millonario dio la vuelta olímpica antes del comienzo y, más tarde, el Beto convirtió dos goles para el delirio del pueblo Millonario.
En 1986, los de Núñez se quitaron la espina de las finales del ’66 y ’76, logrando obtener la tan ansiada Copa Libertadores de América. En primera ronda lideró el grupo, en la segunda le ganó por goleada a Argentinos Juniors y Barcelona de Guayaquil y, en la final, el venció a América de Cali por 2 a 1 en Colombia y 1 a 0 en el Monumental , con un tanto de Funes que hizo explotar a más de 85.000 personas.
En el mismo año, River escaló a la cima mundial con aquel recordado gol de Antonio Alzamendi, tras el pase de Alonso que significó la victoria ante el Steaua Bucarest y la coronación en la Copa Europeo- Sudamericana.
Ya bajo la dirección de Carlos Timoteo Griguol, los Millonarios consiguieron en 1987 la copa Interamericana. El triunfo fue ante el equipo costarricense Liga Deportiva Alajuelense, tras empatar 0-0 de visitante y ganar 3 a 0 en Núñez. Sobre el final de la década, otro grande del fútbol riverplatense dejó el fútbol: Norberto “Beto” Alonso, con 374 partidos y 179 goles, dejó el Monumental ante el reconocimiento y la ovación de más de 80.000 fanáticos.
En 1988 Santilli apostó a la llegada de César Luis Menotti quien, a pesar de tener un grupo de estrellas, por malos resultados debió renunciar y fue finalmente reemplazado por Reinaldo Merlo en el banco y con Norberto Alonso como manager.
La década del ’90 fue la más ganadora para la historia de River Plate, en parte, gracias a que la mayoría de los directores técnicos que trabajaron habían sido jugadores del Club y promovieron la búsqueda de nuevos talentos dentro del semillero millonario.
En diciembre del ‘89 asume Alfredo Davice como Presidente de River, quien no dudó en ofrecerle la dirección del equipo a Daniel Passarella. “No tenía experiencia, no era profesional y ni se me cruzaba por la cabeza dirigir”, afirma el actual Presidente del club.
Era una época en la cual no se podía despilfarrar el dinero y era necesario apostar a las inferiores, al semillero riverplatense. El de Passarella era un equipo que manejaba muy bien la presión. Astrada y Zapata eran los encargados de realizar el trabajo sucio de la mitad de la cancha y lo hacían a la perfección.
Era un River diferente, con un gran déficit y un equipo “armado en casa”.
En la temporada 1989/1990, los de la banda se quedaron con la consagración gracias a los goles de Ramón Ismael Medina Bello y al magnífico mediocampo integrado por Gustavo Zapata, Leonardo Astrada, Héctor Enrique, Juan José Borreli y Rubén Da Silva. Era el primer campeonato de Passarella como entrenador y había debutado con un título.
Repitió la fórmula en el Apertura de 1991 con una escuadra que seguía demostrando gran solidez colectiva y explotaba muy bien los espacios cedidos por los rivales, además de ser letal en el ataque. Este año, además, retornó Ramón Díaz, un goleador glorificado por los hinchas.
Se ganaron los ocho primeros partidos del torneo, marcando así un record histórico en el fútbol argentino y despejando poco a poco el camino hacia un nuevo campeonato.
Sin jugar, ya que Boca había perdido con Estudiantes, River se había consagrado campeón del Apertura ’91, título número 22 en su haber.
En 1991 una nueva frustración internacional sacudió a River: por primera vez jugaba una Supercopa y, después de haber ganado 2 a 0 el partido inicial, fue derrotado por Cruzeiro en Belo Horizonte por 3 a 0.
Passarella, mientras tanto, seguía apostando a los chicos y, para jugar el Apertura del ’93 promovió a Ortega, Crespo y Gallardo. Finalmente, los Millonarios se quedan con el certamen gracias a las buenas actuaciones del volante Sergio Berti, a los goles de Medina Bello y a la destreza del abanderado de los jóvenes talentos: Arnaldo Ariel Ortega.
En 1994, River Plate ganó un Superclásico en la Boca después de ocho años con una extraordinaria actuación del “Burrito”.
Cuando Daniel Passarella fue llamado para dirigir la Selección Argentina, Alfredo Davice le ofreció a Américo Gallego la dirección técnica del Club por seis meses. Es en este período se produjo el regreso después de ocho años de Enzo Francescoli desde Europa.
Ariel Ortega fue vital con sus gambetas y su velocidad y “El Enzo” demostró que seguía intacto y era el mismo que se había ido años atrás. En la delantera, comenzaban a explotar toda la destreza y los goles de Hernán Crespo. El 11 de noviembre jugó ante Boca el partido más importante del campeonato, el cual finalizó con un contundente 3 a 0 a favor del Millonario que, gracias a los goles conseguidos por Francescoli, Ortega y Gallardo, marcó diferencias notorias con el resto convirtiedo a ese conjunto en el único campeón invicto de la historia del club, con 12 triunfos y siete empates.
En 1996 le ganó la final de la Copa Libertadores de América a América de Cali, con dos goles de un Hernán Crespo que conformaba una delantera envidiable junto a Ortega y Francescoli, comandados desde el banco por el “Pelado” Díaz. Por su parte, el Apertura ’96 fue un muy buen campeonato, pero en esta ocasión no se obtuvo el ansiado título y, en ese mismo año, no se pudo vencer a la Juventus por la Copa Intercontinental.
El tercer tricampeonato (Campeonato 89/90 y Apertura ’91) se alcanzó durante la maravillosa década de los ’90, con magníficas actuaciones de Juan Pablo Sorín y Marcelo Gallardo y gracias a los goleadores Marcelo “El chileno” Salas y Francescoli.
La Supercopa llegó en el ‘97, tras una final contra San Pablo en la que el Millonario derrotó al equipo brasileño por 2 a 1 con goles de Salas.
Cinco títulos en un año y medio no eran poca cosa: los hinchas de River Plate vivieron una época inigualable con el denominado “Equipo de Ramón”.
En el Apertura ‘99 comenzó a hacer estragos en los arcos rivales la dupla juvenil que conformaban Pablo César Aimar y Javier Pedro Saviola quien, con 15 goles, fue el máximo goleador del torneo que los Millonarios se llevaron a Núñez.
La última década de la historia riverplatense comenzó con un nuevo bicampeonato. Tras el Apertura de 1999, los Millonarios ganaron el Clausura 2000 con una fecha de anticipación.
El 25 de mayo de 2001 River Plate cumplió cien años de historia y no podía ser de otra manera: los hinchas festejaron bien a lo grande con una “Caravana Monumental” que reunió a más de 40.000 hinchas Millonarios con gente copado entre 24 y 32 cuadras de extensión, caminando a pura fiesta desde el Obelisco hasta el Antonio Vespucio Liberti. Entre las miles de banderas, bengalas, gorros, cantos, etc., transportaron una bandera de mil metros. Una fiesta sin igual, la fiesta del campeón del siglo.
En el Clausura 2002 volvió la alegría. River consiguió una victoria sobre Boca Juniors por 3 a 0 en la Bombonera, donde no ganaba desde hacía ocho años. El equipo que gozaba el fútbol de figuras como Cambiasso, Cavenaghi, Coudet, Ortega, D’ Alessandro, Demichelis y Ayala, entre otros, logró, de la mano de Ramón Díaz y con Ortega como líder indiscutido y referente, el trigésimo título AFA para la Banda.
En el 2003, con Manuel Pellegrini como DT, River Plate se alzó con su trigésimo primer título, al derrotar a Olimpo por 2 a 0 con goles de Zapata y Barrado. El mismo año se produjo el retiro del jugador más ganador en la historia del Club (con diez torneos de la AFA y dos copas internacionales), quien se convertiría en DT al año siguiente: Leonardo Rubén Astrada.
En el 2004 realizó una gran campaña en la que nuevamente se coronó como campeón del fútbol argentino. El partido consagratorio fue ante Atlético Rafaela, en un Monumental colmado por 70.000 hinchas que vieron empate con gol de Gallardo para los de Núñez y bajo la dirección de Astrada.
El último título para los Millonarios fue el Clausura 2008, con Diego Buonanotte como figura clave para lograr la victoria en el penúltimo partido, ante Olimpo, por 2 a 1. En esta oportunidad, el equipo estaba dirigido por Diego Simeone.
Un símbolo que surgió en la década del 60 fue sin lugar a dudas la Gorda Matosas. Su nombre original era Haydeé Luján Martínez y cuenta la historia que su fanatismo por el Millonario nació de chiquita, cuando en un clásico tuvo que decidir de qué club era hincha y los colores de River fueron su elección. Su apodo nació por una ofrenda del uruguayo Roberto Matosas, quien le regaló una camiseta suya la cual utilizó cada vez que concurrió al Monumental.
De modales pocos femeninos y con un vocabulario bastante peculiar, fue durante su época la líder de la popular riverplatense. El sustento de su vida era la venta de loterías, que le posibilitó seguir al Millonario a todas partes. Tal era su amor por River, que cuando estuvo a punto de casarse, su novio le dio un ultimátum: “todo bien por tu fanatismo, pero después de casados basta de ir a la cancha. A ocuparse de la familia”, le habría dicho. No sólo rechazó la intimación de su pareja sino que a partir de ese entonces, inmortalizó una frase que la caracterizó de pies a cabeza: “River es mi novio, mi amigo y mi amante. Y con eso, tengo bastante”.
En los días previos a la final de la Libertadores de 1986, ante el colombiano América de Cali, se vio afectada a una fuerte infección a sus pulmones, producto de su adicción al cigarrilo provocó su internación. No sólo se negó a las recomendaciones médicas, sino que no dejó de ir a la cancha hasta 1996. No lo llegó a verlo nuevamente Campeón de América, pero desde una nube, fumando y alentando, seguro que se emocionó con los goles de Hernán Crespo y sintió levantar la copa con Enzo Francéscoli.
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